Cuando no te puedes quedar embarazada. Procesos de fertilidad. Mis sentimientos.

  1. CÓMO EMPEZÓ TODO
  2. LOS PRIMEROS MESES. LOS TEST DE OVULACIÓN.
  3. COMIENZOS MÉDICOS. ANÁLISIS DE LA FERTILIDAD MASCULINA Y FEMENINA.
  4. RESULTADO DE LAS PRUEBAS DE FERTILIDAD. SOLUCIONES. LAS TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA.
  5. INICIO FIV.
  6. LOS PINCHAZOS DE GONAL.
  7. LOS PROCESOS DE FIV.
  8. DESCANSO DEL VERANO Y VUELTA A LOS TRATAMIENTOS DE FERTILIDAD.
  9. Y LLEGÓ EL EMBARAZO… ¡NATURAL!
  10. ¿QUÉ PASA CON LOS EMBRIONES CONGELADOS?
  11. VALORACIÓN DEL PROCESO DE FERTILIDAD.
  12. EL CORREDOR DE LA MUERTE.

  1. CÓMO EMPEZÓ TODO.

Aunque cada vez menos, es muy común pensar que es fácil quedarse embarazada. Que cuando “te pones a ello” y “lo intentas”, al poco tiempo te quedarás embarazada. Es cierto que no se piensa que va a ser a la primera ni a la segunda, pero sí que puede ser a la tercera… Pero cuando llevas un año y no sale nada, te empiezas a plantear qué puede estar pasando.

Así me pasó a mí. Aquí os cuento mi historia.

En enero de 2018 aitatxo (papá) y yo decidimos empezar a intentar tener un bebé. Yo tenía 32 años y él 34. Estábamos emocionadísimos. La primera vez que mantienes relaciones sin protección te sientes rarísima, piensas “ay, dios, ¡qué estoy haciendo! ¡que me voy a quedar embarazada!” Se te olvida que ése es el objetivo del asunto…

A partir de ahí empezó una obsesión por hacerme pruebas de embarazo cada mes. Yo tenía una regla muy regular, por lo que con que se me retrasara un día, yo ya me hacía una prueba de embarazo. Y siempre daba negativo.

2. LOS PRIMEROS MESES. LOS TEST DE OVULACIÓN.

Pasaron unos meses sin lograr resultados, y me puse a leer información sobre la concepción. Así aprendí que el mejor momento para quedarte embarazada es el momento de la ovulación, y que para eso existen test de ovulación, que marcan cuándo es el mejor momento para concebir. Así que me compré esos test de ovulación, y confié en que con eso sí que íbamos a poder quedarnos embarazados.

Calculando los días en que me tocaría ovular, me hacía un test de ovulación para saber cuál era el día idóneo para concebir. Pero los test siempre arrojaban el resultado de negativo. Según esos test, yo nunca ovulaba. Empecé a hacérmelos fuera de las fechas que, según mis cálculos, debían coincidir con la ovulación, por si estaba equivocada en los cálculos. Pero seguían dándome negativo. Nos reíamos de la situación, sin darle mayor importancia, pensando que los test no funcionaban. Los dejamos de lado y seguimos haciendo los cálculos a la cuenta de la vieja (es decir, calculando los días de concepción óptima entre el día 11 y el 17 contados a partir de la última regla).

3. COMIENZOS MÉDICOS. ANÁLISIS DE LA FERTILIDAD MASCULINA Y FEMENINA.

Pasaron más meses y llegamos a diciembre de 2018. Un año intentando tener un bebé es el tiempo fijado a esa edad para empezar a pensar que puede haber algún problema, así que pedí cita con el médico de cabecera.

Fui al médico, y ahí ya me encontré con el primer “muro”. Después de hacerme las preguntas de rigor, su conclusión fue: estás estresada. ¡¡Estresada! ¡¡Yo!! Que he vivido épocas muy estresantes en mi vida, y, desde luego, esa no era una de ellas, en absoluto. Así que insistí e insistí, diciéndole que de verdad que no era estrés, que ahí había algo que no funcionaba. (Que, por cierto, hago un inciso para recalcar que el médico me dejó claro con esa insinuación que la estresada y la “culpable” de no quedarme embarazada era yo, no aitatxo. La estresada y la nerviosa es la mujer, cómo no…)

Después de insistir, por fin me mandó una cita para que me atendieran en ginecología, en concreto, en la especialidad de fertilidad. Esa cita era para los dos miembros de la pareja (en mi caso, futuro padre y futura madre).

Llegado el día fuimos los dos, y ahí nos volvieron a hacer preguntas sobre antecedentes familiares, enfermedades, tiempo que llevábamos intentándolo, etc. Además, a mí me hicieron una ecografía transvaginal, donde la médica de fertilidad ya nos adelantó: “así a primera vista veo que el recuento de folículos es bajo”. ¡Sólo con una ecografía! No podía creerme que yo, que he tenido reglas dolorosísimas, quistes en los ovarios, que he ido mil veces a urgencias por dolores muy muy fuertes de regla, y que me he hecho mil ecografías en mi vida, nadie hubiera visto que el recuento de folículos fuera bajo.

Aún y todo, para asegurarse, y porque así lo manda el protocolo del servicio de salud público de mi comunidad autónoma, nos dijeron que nos teníamos que hacer unas pruebas: una histerosalpingografía y un análisis de sangre para mí, y un espermiograma para aitatxo. (Para leer sobre estas pruebas y en general, los tratamientos de fertilidad, puedes pinchar y leer esta otra entrada.)

4. RESULTADO DE LAS PRUEBAS DE FERTILIDAD. SOLUCIONES. LAS TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA.

Del resultado de esas pruebas salió un resultado que fue un mazazo: el espermiograma dio valores correctos, la histerosalpingografía también, pero del análisis de sangre salió que tenía unos niveles muy bajos de la hormona antimulleriana. Es decir, que el recuento de óvulos era muy bajo.

Tan bajo, que por una décima cumplía los requisitos para poder continuar debajo del paraguas del servicio de salud público, pero que, si llega a ser una décima menos, no me hubieran podido ayudar. (Su protocolo marca un límite mínimo por debajo del cual se considera que no eres una paciente que vaya a obtener resultados con las técnicas de reproducción asistida).

Vistos esos valores, nos dijeron que lo teníamos muy muy complicado para tener un bebé de manera natural, así que nos propusieron someternos a técnicas de reproducción asistida como solución al problema. (Para conocer todo sobre las técnicas de reproducción asistida, puedes leer esta otra entrada).

Más aún: nos dijeron que mi número de óvulos era tan bajo, que, dentro de las técnicas de reproducción asistida, la inseminación artificial no funcionaría, y que la única solución a nuestro problema era someternos a una fecundación in vitro (FIV). Sin embargo, el protocolo de salud les obligaba a hacer dos intentos de inseminación artificial previos a la FIV, y, una vez estos intentos resultaran fallidos, empezaría una lista de espera de alrededor de un año para iniciar un ciclo de FIV.

Ahora bien, nos dijeron que tenía tan pocos óvulos que no nos podíamos permitir esperar un año más para empezar con la FIV, porque cada vez iba a tener menos óvulos, y que, sabiendo que la inseminación artificial no funcionaría, que no merecía tampoco hacer esos dos intentos previos. En definitiva: que el servicio público de salud no nos podía ayudar. Terminaron sugiriéndonos que si teníamos dinero y ganas fuéramos a una clínica privada. Y así lo hicimos.

(A todo esto, me sigo acordando del médico que no me quería mandar a hacerme estudios de fertilidad porque decía que era estrés…)

5. INICIO FIV.

Una vez en la clínica, nos ahorramos todas las pruebas previas de estudio de la fertilidad porque ya nos las habían hecho. Así que empezamos a trabajar sobre eso, y nos explicaron los diferentes modos de actuar que hay dentro de una FIV (para conocer las modalidades de FIV, leer esta otra entrada).

Para resumir y entender mi caso: se podía o bien hacer una extracción de óvulos y fecundarlos y transferirlos inmediatamente, haciendo el ciclo de FIV completo, o bien extraer los óvulos de varios procesos, ir congelándolos, y, posteriormente, una vez se tuviera una cantidad de óvulos acumulados, fecundarlos todos, y en función del resultado de la fecundación, congelar los embriones que se obtuvieran. Decidimos que haríamos varios procesos de extracción e iríamos acumulando óvulos hasta tener “los suficientes”. Posteriormente los fecundaríamos todos, y veríamos de ahí cuántos embriones salían.

6. LOS PINCHAZOS DE GONAL.

El tratamiento comienza con unas inyecciones que te tienes que poner cada día, a la misma hora.

La primera vez que tienes que pincharte tú misma te da mucha impresión. Suerte que yo tenía a aitatxo a mi lado, y él era el que me ponía las inyecciones cada día. Todos los días a las 21.00, que era una hora en la que siempre estábamos en casa. Siempre, salvo los fines de semana. Ahí se convertía en una misión complicada. Las inyecciones se tienen que conservar en frío, y la gente de alrededor no sabía que estábamos en un proceso de FIV (los primeros meses, luego ya sí), así que siempre nos ausentábamos con alguna excusa tonta, e íbamos a casa a pincharme. Cuando ya se lo contamos a los amigos más cercanos, mis amigas que son maravillosas quedaban al lado de mi casa para que pudiera subir a pincharme a las 21 y volver a bajar, o bien llevaba la jeringuilla envuelta en hielo en una neverita, y me pinchaba donde estuviera.

7. LOS PROCESOS DE FIV.

En total hicimos 5 tratamientos antes del verano; uno por mes. Conseguimos obtener 8 óvulos en total. Los fecundaron y salieron 2 embriones. Uno de calidad A, y otro de calidad C. Qué disgusto nos llevamos. De hecho, el C no salió hasta el quinto día, y en un principio nos dijeron que sólo iba a salir uno.

Después de ese disgusto nos recompusimos, y dijimos “vamos a seguir haciendo tratamientos hasta conseguir algún embrión más”. La base para tomar esa decisión era que los médicos nos repetían constantemente lo joven que era yo con 32 años. Tenía pocos óvulos, pero de calidad. Por eso, si conseguía quedarme embarazada con 32 años y posteriormente quería tener más hijos (que era la idea) con 35, 36 o los años que fueran, ya no iba a tener la misma calidad de óvulos. Preferimos extraer los óvulos de los 32 años, y guardarlos para el futuro.

8. DESCANSO DEL VERANO Y VUELTA A LOS TRATAMIENTOS DE FERTILIDAD.

Volvimos a hacer 4 tratamientos, pero no conseguimos obtener ningún embrión de ahí. Conseguí sacar 2 óvulos, pero no fecundó ninguno. Ahí ya nos plantamos: habíamos gastado muchísimo dinero, y no parecía que la cosa fuera a ir a mejor. Estábamos en diciembre de 2019, llevábamos un año con el proceso, y estaba siendo un proceso muy largo y cansado, y de mucho desgaste físico y anímico. Decidimos quedarnos con los 2 embriones que teníamos congelados y hacer la transferencia en marzo de 2020.

9. Y LLEGÓ EL EMBARAZO… ¡NATURAL!

Llegó marzo de 2020, que era el mes que teníamos fijado para hacer la transferencia. Pero empezaba el rumor del virus, así que con una pena terrible decidimos esperar un mes más para ver si se pasaba eso (ilusos), y entonces hacer la transferencia de los embriones, ya que no íbamos a jugárnosla en el último momento. Pero la magia había empezado un mes antes sin nosotros saberlo…

El 15 de marzo, recién decretado el estado de alarma, a mi me saltó una alarma también.  Llevaba varios días de retraso de la regla, y de broma le dije a aitatxo: “estoy embarazada. Voy a comprarme un test de embarazo”. Nos reímos, y nos fuimos a dormir. Al día siguiente me compré el test. Et voilá. ESTABA EMBARAZADA. ¡DE MANERA ESPONTÁNEA! Me enteré el 17 de marzo, a las 7am. Desperté a aitatxo, se lo dije, y no nos lo creíamos. Los médicos tampoco; estaban alucinados. ¿Su respuesta a la noticia? “A veces pasan estas cosas, el cuerpo es caprichoso”.

10. ¿QUÉ PASA CON LOS EMBRIONES CONGELADOS?

Ahora tengo a mis dos pequeños embriones, el A y el C, esperando en el laboratorio a ser implantados. Pero para eso todavía queda tiempo…

11. VALORACIÓN DEL PROCESO DE FERTILIDAD.

Ha sido un proceso súper duro y no se lo deseo a nadie. Tienes que ser fuerte para no perder la cabeza, y tienes que tener una sólida relación de pareja. Porque esto desgasta, y mucho. Te planteas que igual no vas a poder conseguir lo que siempre habías querido, el desembolso económico es importante, las finanzas del hogar lo sufren, y hay que mantenerse unidos y tomar las decisiones en común. Las hormonas del tratamiento te trastocan, y lo mismo un día lloras, que otro día ríes. Lo mismo quieres abandonar, que de repente tienes las mayores ganas de seguir adelante… Hay que saber que eso ocurre. Y que el proceso es así.

Aunque también quiero arrojar luz, porque de igual manera que nosotros tuvimos muchísima suerte en el resultado final consiguiendo un embarazo natural cuando nos dijeron que eso era imposible, también os puede pasar a vosotr@s. De hecho, a raíz de nuestro caso, la gente nos ha contado más casos de gente conocida a los que les ha pasado lo mismo.

Ánimo a todos los que estáis pasando por este proceso, hombres y mujeres. Nosotras lo soportamos físicamente, pero la carga mental es de los dos, y la tristeza también. Yo he visto a aitatxo sufrir muchísimo. No sólo porque no conseguíamos el resultado, sino también viéndome a mi someterme a las extracciones, a mis cambios de humor, a verme triste todo el día…

De verdad, ¡¡ánimo a tod@s!!

12. EL CORREDOR DE LA MUERTE.

No quiero despedirme sin hablar de una cosa buena de estos procesos, a pesar del nombre feo del título: el corredor de la muerte. Así llamaba a los períodos de tiempo entre tratamiento y tratamiento. Cuando estaba con el tratamiento no podía beber alcohol, no podía hacer ejercicio físico intenso, no podía irme de vacaciones porque los controles eran cada dos días… En fin: no podía hacer muchas cosas que me gustaban. Así que, entre tratamiento y tratamiento, (en total unos 15 días), y a la vista de que a los 15 días siguientes iba a empezar con la tortura que suponía el tratamiento, a ese ínterin le llamaba el corredor de la muerte: salía de fiesta a tope, hacía todo el deporte que podía, nos íbamos de vacaciones a todos los sitios… Y luego volvía el tratamiento y me volvía una niña buena y quietecita otra vez. Tuve varios corredores de la muerte, que los disfruté a tope. Lo mejor del tratamiento. No habría hecho tantas cosas si no estuviera en ese proceso.

También hay que mirar el lado bueno de las cosas, ¿no?

Deja un comentario